
Es así de simple el asunto. Escucho una canción hasta que me aburre. Después que ya me la sé de memoria, desde la letra hasta los tiempos melódicos, dejo de escucharla. Pero como en todas las cosas, siempre existe una excepción a la regla. Esta noche es una de aquellas en las que dan ganas de escribir. Sábado a las dos y media de la mañana, cuando todos mis amigos están carretiando o durmiendo. Ahora me dedico a ser escritora de mi estupidez y le cuento al mundo acerca de mis fantasías terrenales. O sea, mi vida. Recién conversaba con un ex pololo (Ojo, este sí que es logro) sobre el último single del ex Soda Stereo. Ceratti, obvio. Le decía que era el tema del momento, pero él no lo había escuchado, de nombre tal vez, pero nada más que eso. Le encantó, es bueno para escuchar canciones cebolleras, de hecho es fanático de Maná. En fin. Buscarle un porqué a todo es un placer. Imaginate, todos escuchamos una canción y como que altiro decimos "Uh, la cancioncita" o te quedas en silencio y comienzas a colocar caras de circunstancia. Varía según como te sientas en ese momento. Es tan fuerte de repente, que terminas por cambiarla. Sin embargo no le hago el quite, al contrario, la busco en el Winamp. Si no es el audio es el video. En general, el propósito es sentirme yo, cortarme las venas un buen rato y después colocar un reaggeton. Hoy me he convencido que fue un día distinto, como todos. Todos los días hay algo nuevo que entender, que mirar, que pensar aunque sea la misma idea de fondo. La cosa esta en mirarlo desde otro ángulo, otra perspectiva. Pasar el tiempo en un mismo punto no es siempre sano, de hecho se torna monótono y de repente, medio masoquista. Claro, estoy hablando de mí. De mi sutil manera de ver las cosas. El calor de la casa me hace sentir bien, cobijada, no dan ganas ni de sacar la nariz por la ventana. Después de almuerzo quise leer el diario de hace dos semanas atrás. En una de esas aparecía algo interesante, asi que me tendí en mi cama a leer. Mala idea, a los cinco minutos me fui a negro, y no de ebria, sino de sueño. Me quedé profundamente dormida. Antes de cerrar los ojos, miré hacia la ventana, las cortinas abiertas de par en par, la luz entraba con fuerza aunque los rayos del sol son egoistas conmigo y no aparecen en ninguna estación del año. Cuando volví a la realidad ya estaba oscuro, sólo se veía el reflejo del televisor encendido. Sin duda, una tarde floja. Una tarde inutil. Día de ficción. Me siento como Gastón en "Se arrienda". Esa peli la vi el año pasado en el Festival de cine. Era la avant premiere y yo miraba a Fuguet desde mi asiento, mirando hacia todos lados, como esperando que algo sucediera o que alguien apareciera. Gastón compone temas. Se hizo famoso con Las Hormigas Asesinas, pero se quedó ahí, con sus ideales de no venderse nunca a la Sociedad, no dejarse seducir por la fama, independiente de sus capacidades. ¿Qué pasó? La máquina cambió, y la que vino después fue totalmente nueva, desconocida por él. Un Chile post dictadura, lleno de temores, pero enamorado del sistema económico, lleno de tele, de infomerciales, lleno de farándula, copada de pozzers. Una nueva era en donde ya no caben los ideales. Se van directo al bolsillo y sólo pueden salir cuando el tiempo lo estime conveniente. Cuántas veces no he escuchado a personas diciendo que vivir el hoy, ser alguien, está en "subirse al carro del modo que sea, porque sino quedaremos atrás". Entonces, olvidemosnos de lo que queremos en verdad, de corazón, y hagamos lo que el sistema ordena. Esa es la mejor opción. Cuando salí del cine me quedé sentada esperando que todos salieran. Mis viejos se colocaron de pie y yo miraba la pantalla. Escuchaba el tema principal, y ahí me quedé. Pegada, asi como hipnotizada. Todo el mundo se avalanzó sobre Cruz-Coke, Nico Saavedra, pero Fuguet ahí estaba aún, esperando algo, según yo. Conseguí una entrevista con él para el siguiente domingo en la tarde, le pregunté directamente a él, pero fue casi imposible poder intercambiar palabras. Me delegó con la productora. Estaba tan nervioso que no sabía qué hacer. Si ir, hablar, era su debut. Era Gastón, temeroso de lo que no conocía. Su debut como cineásta, o algo así. En el hotel, cuando nos sentamos a hablar, terminamos hablando de mí, de mi vida y de lo que yo sentí cuando vi la película. Increible, era lo último que pensé hacer ese día. Nos tomamos una bebida, y la cinta de la grabadora seguía corriendo. Después de entrevistar a Caiozzi el año anterior, esa fue mi primera vez periodísticamente. Yo preguntaba, él contestaba. Y cuando le dije "Bueno, pero entonces ¿Gastón es un poco tú?". Sonrío y me dijo que sí, en parte, sí. Para qué tanto rodeo, el punto está claro. Tan fuerte y vulnerable a la vez. Claro, fuerte de caracter, de pensamiento, incluso de obrar, demasiado intensa - así le decía hace un rato a mi ex. Vulnerable como en Las Hormigas Asesinas. "No se puede vivir sin amor", porque si intento hacerlo, esos bichitos me perseguirán por la ciudad vacía y me comerán. La opción es correr lo más rápido posible, pero vivir sin amor es imposible. Y aún así, por más que trate, me van a alcanzar. Pero si corro tras el amor, en una de esas, las Hormigas se apiadan de mí, y me dan la posibilidad vivir. Así con la volá de Fuguet y "Se arrienda". Soy un departamento vacío, no me arriendo, menos me vendo. No me creo Gastón, tampoco Alberto, pero sí Alejandra, simple y paranóica. Hoy es una noche distinta. Ceratti y Fuguet fueron mis musos. La música y los monólogos se vuelven mi inspiración. ¿Será porque me encanta hablar y hablar? ¿Y que todos me escuchen? He aquí mi nueva declaración. Nueva.